miércoles, 21 de marzo de 2012

Día del árbol. Primavera 2012

Leo en el periódico que hoy, 21 de marzo, primer día de la primavera, se celebra el Día del Árbol”. Cualquier día es bueno para acercarnos a la poesía. Seleccionamos un par de intensos poemas.
El primero es el poema titulado “De árbol a árbol de Mario Benedetti, en el que destacamos la curiosa enumeración de árboles y de lugares universales en los que se encuentran, muchos de ellos extraordinarios y no demasiado conocidos. Une a todos ellos un recurso literario, la personificación, de manera que observamos cómo se dota a los árboles de características humanas. Con ello se consigue implicar emocionalmente al lector.
La reflexión sobre el sentimiento de solidaridad entre todos ellos abre el poema con una interrogación retórica; se concluye con otra interrogación en la que el yo poético plantea la duda de que los árboles no sepan quienes son realmente “sus voraces enemigos”, y aclara: son “el hacha tenaz del leñador, la sierra de las grandes madereras, el rayo como látigo en la noche”. Es un punto final que desvela una fina crítica social.

De árbol a árbol
a Ambrosio y Silvia
Los árboles
¿serán acaso solidarios?
¿digamos el castaño de los Campos Elíseos
con el quebrancho de Entre Ríos
o los olivos de Jaén
con los sauces de Tacuarembó?
¿le avisará la encina de Westfalia
al flaco alerce de Tirol
que administre mejor su trementina?
y el caucho de Pará
o el baobab en las márgenes del Cuanza
¿provocarán al fin la verde angustia
de aquel ciprés de la Mission Dolores
que cabeceaba en Frisco
California?
¿se sentirá el ombú en su pampa de Rocío
casi un hermano
de la ceiba antillana?
los de este parque o aquella floresta
¿se dirán de copa a copa que el muérdago
otrora tan sagrado entre los galos
ahora es apenas un parásito
con chupadores corticales?
¿sabrán los cedros del Líbano
y los caobos de Corinto
que sus voraces enemigos
no son la palma de Camagüey
ni el eucalipto de Tasmania
sino el hacha tenaz del leñador
la sierra de las grandes madereras
el rayo como látigo en la noche?

Adaptación musical del poema de Mario Benedetti, por JoanManuel Serrat en:

El segundo poema es “El árbol”, del poemario Mundo a solas de Vicente Aleixandre. Es un árbol humanizado, fuerte, con coraje. Es un árbol que “nunca duerme”, es una “dura pierna de roble”, es un “muslo piafante”, una “rodilla inmensa”, pero sobre todo, en esa conjunción y confusión entre el hombre y la naturaleza, “nunca veréis que un árbol quiera ser otra cosa” (v.19). El hombre queda, con esta afirmación, reducido a la condición de sombra, a su inexistencia. Aleixandre en su poema ofrece belleza y comunicación, porque para el poeta la belleza está en que las palabras sean verdaderas, que no solo tengan una bella apariencia coloreada, y es precisamente por esto por lo que tendrán gran fuerza comunicativa. En este sentido, la poesía es la verdad transmitida con fuerza del alma.

El árbol
El árbol jamás duerme.
Dura pierna de roble, a veces tan desnuda quiere un sol
muy oscuro.
Es un muslo piafante que un momento se para,
mientras todo el horizonte se retira con miedo.

Un árbol es un muslo que en la tierra se yergue como
la erecta vida.
No quiere ser ni blanco ni rosado,
y es verde, verde siempre como los duros ojos.

Rodilla inmensa donde los besos no imitarán jamás falsas hormigas.
Donde la luna no pretenderá ser un sutil encaje.
Porque la espuma que una noche osara hasta rozarlo
a la mañana es roca, dura roca sin musgo.

Venas donde a veces los labios que las besan
sienten el brío del acero que cumple,
sienten ese calor que hace la sangre brillante
cuando escapa apretada entre los sabios músculos.

Sí. Una flor quiere a veces ser un brazo potente.
Pero nunca veréis que un árbol quiera ser otra cosa.
Un corazón de un hombre a veces resuena golpeando.
Pero un árbol es sabio, y plantado domina.

Todo un cielo o un rubor sobre sus ramas descansa.
Cestos de pájaros niños no osan colgar de sus yemas.
Y la tierra está quieta toda ante vuestros ojos;
pero yo sé que ella se alzaría como un mar por tocarle.

En lo sumo, gigante, sintiendo las estrellas todas rizadas
sin un viento,
resonando misteriosamente sin ningún viento dorado,
un árbol vive y puede pero no clama nunca,
ni a los hombres mortales arroja nunca su sombra.

Página oficial de VicenteAleixandre:

Terminamos el recuerdo con una canción compuesta e interpretada por el cantautor ALBERTO CORTEZ, en el que se describe el tierno afecto que procede del intenso recuerdo de un árbol que desde su mismo nacimiento acompaña el desarrollo vital del cantante. Pertenece a su LP “Distancia”, editado por Hispavox en 1970.

2 comentarios:

Luis Morales dijo...

¡Que bonito! Lo he recomendado en facebook.

garcileon dijo...

Eres muy amable. ¡Gracias!