martes, 21 de marzo de 2017

ESPERPENTOS DIARIOS. 21. Venganza en la publicidad

Hay dos clases de anuncios publicitarios en los que intervienen o se hace referencia a los niños porque a ellos va destinado el producto: los que provocan una sonrisa y los que hacen fruncir el ceño. Los dos llaman la atención pero por distintos motivos.
Me hace sonreír la publicidad de Haribo, “vamos a hablar de los favoritos Haribo”- comienza un miembro adulto de una reunión en torno a una mesa. Y cada uno de los ejecutivos allí reunidos va dando su opinión, juguetones y amables como niños: “una montañita blandita y dulce”- dice el primero imitando la entonación infantil y mostrando el dulce que tiene esa forma, “me pongo los platanitos en la boca y soy un vampiro”- dice el segundo, “Boing, boing, boing, el osito es astronauta y se come un plátano” juega el tercero, “el corazón”-exclama con emoción el cuarto, mostrando un corazón que le quita de la mano el miembro más serio y sorprendido de la reunión, una mujer cuya seriedad se transforma con el dulce Haribo en la mano, que muestra al tiempo que dice, “es mi favorita y cuando la como me siento una princesa”.
Qué distinto es el anuncio publicitario de salchichas Campofrío. Nunca imaginé que para vender salchichas era necesario presentar a unos padres amenazados por unos niños siniestros que parecen tener en su mano el bienestar de los padres y por supuesto la venganza, a largo plazo, si no obedecen sus deseos.
Todo comienza con una madre que ofrece a su hijo un plato de espinacas con garbanzos (parece). El niño no habla pero su expresión es la del muñeco diabólico. Debe estar pensando qué haría con el plato en ese momento.
Oímos una voz en off : “Espera. ¿De verdad le vamos a hacer esto a nuestros hijos? Mira que ellos algún día pagarán nuestra pensión. Y van a se ellos los que chantajearán a nuestros nietos para que nos vayan a ver”. La ruindad de estos hijos es tan grande como para esperar incluso a tener ellos sus propios hijos para vengarse. Y vemos la imagen de otra niña sin dientes, con un tic en el ojo y la misma expresión de odio ante su cena, un plato de sopa.
Sigue la voz en off: “Piénsalo, ¿quién te va a cambiar las pilas del sonotone? Porque ellos no olvidan”. Y vemos el rostro muy afectado de un padre que mira aterrado a un siniestro niño que viene en un cochecito de pedales, después de dejar en la cama del padre, la cabeza arrancada de un peluche. Nos recuerda la película El Padrino, en la que una cabeza cortada de caballo, sangrante, aparece en la cama de un productor de Hollywood que no ha querido dar un papel a un personaje en su película.
Porque ellos no olvidan”- dice la voz mientras vemos la imagen: unos niños, con gesto hostil, cavando un agujero en la tierra. Seguramente disfrutan pensando a quienes van a castigar enterrando en esa tumba.
Pero, vamos a ver, ¿quién te va a explicar lo que es la nube?”- continúa la voz-  ¡¡Para qué queremos saberlo si nos habrán metido en ese agujero!!
Así que, pensándolo bien…” -sigue la voz en off mientras vemos a un niño con un folleto que anuncia una Residencia de ancianos, ¿cómo pueden ser estos niños tan previsores? Pues bien, -concluye la voz- “Vamos a darles lo mejor ahora, porque ellos lo harán mañana, la única pechuga de pollo con forma de salchicha”. En ese momento la joven madre del comienzo pone delante del niño el plato con dos salchichas, eso sí inexplicablemente acompañadas de guisantes, zanahorias y patata cocida y el niño deja en la mesa el folleto. Pues sí que son raros estos niños, crueles y siniestros pero comen verduritas.
El miedo de los padres está presente en todo el anuncio. La venganza de los niños si no consiguen lo que desean, planea en todo él. ¿Qué clase de valores morales venden junto a las salchichas?

Lo correcto sería darles salchichas solo porque los queremos y hemos comprobado su valor alimenticio. Ser padre después de ver este anuncio es jugarse la vida. ¡Jeje!





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