lunes, 6 de febrero de 2012

DICKENS. Bicentenario

El próximo 7 de febrero de 2012 se celebra el bicentenario del nacimiento de Dickens. Las editoriales han sido las primeras en recordarlo, reeditando algunas de sus obras. Por ejemplo, Alba nos ofrece una nueva traducción, en edición de lujo, de La pequeña Dorrit, (impresa en papel o para E-Book), y reedita además otras obras como David Copperfield.
Espasa hace una edición especial de Cuento de Navidad, en la que recopila otros relatos como “La historia del pariente pobre” o “Los siete vagabundos”.
Y Nocturna ediciones nos regala una nueva traducción, fiel al original, de La tienda de antigüedades, una de las novelas de Dickens más desconocidas en España y sin embargo una de las que más fama dieron al autor, quien la publicó por entregas entre 1840 y 1841, y que en traducciones anteriores se titulaba Almacén de antigüedades.

Pero a mí me llama extraordinariamente la atención el libro que Impedimenta editó hace años, Para leer al anochecer (2009), en el que se recogen trece de las más conocidas y terroríficas historias de fantasmas escritas por Dickens, tan aficionado a lo sobrenatural, incluso en sus novelas largas como Grandes Esperanzas o en Canción de Navidad.

Son los siguientes relatos: “El fantasma en la habitación de la desposada”, “El juicio por asesinato”, El guardavía”, “Fantasmas de Navidad”, “El Capitán asesino y el pacto con el Diablo”, “La visita del señor Testador", ”La casa encantada”, "Cuatro historias de fantasmas", "La historia del retratista", Pálpitos confirmados", "El niño que soñó con una estrella", etc.

Lo más curioso es ver cómo Dickens aplica lo fantástico a lo cotidiano de tal manera que conserva los elementos clásicos de este tipo de relatos (de fantasmas) e incorpora elementos nuevos que los dotan de modernidad. “El Guardavía”, por ejemplo, narra en primera persona, de manera progresiva, cómo inexorablemente el horror y la realidad caminan de la mano. Un accidente real del tren en que viajaba, y que afectó a su salud mental, es el punto de partida de este relato de la historia de un fantasma que surge de un oscuro túnel, para avisar al guardavía de la proximidad de una desgracia.

Un interesante contraste entre el progreso representado por el tren y las creencias representadas por la presencia del fantasma. El desarrollo del hombre y el progreso son precisamente quienes traen la muerte que el espectro, que representa la superstición y el atraso, trata de anunciar. Lo real y lo sobrenatural se encuentran en el entorno cotidiano del guardavías, dando lugar a una alteración sicológica del lector que siente el mismo miedo real, que siente el protagonista, ante la posibilidad de que alguien nos anuncie la muerte. Y esta alteración hace que el miedo no se acabe tras la lectura sino que persista en la memoria.

Precisamente es el fantasma de Pacto con el fantasma quien considera la memoria como "el veneno de (su) existencia" y así convence al profesor Redlaw, a quien agobia y entristece el recuerdo de sus desgracias. "¡Si pudiera olvidar, olvidaría!"- exclama, "toda memoria humana está cargada de tristezas y de inquietudes", e inmediatamente, utilizando la facultad de escoger que el fantasma le permite, acepta el pacto: "Sí, acepto el pacto. ¡Sí! ¡Quiero olvidar mis amarguras y pesadumbres!". Sin embargo, las cosas casi nunca son como uno espera, y William Redlaw desea romper el pacto.No es este el desenlace del relato, pero la ayuda de otro personaje ayuda a restablecer el equilibrio perdido. El relato termina con la observación de un retrato, bajo el cual figura un lema: "¡Señor, conservadme la memoria!"

Lo cotidiano vuelve a recuperar el equilibrio que se ha roto con la intervención de lo sobrenatural. Dickens vuelve a mostrar su habilidad con la trama del relato y sus recovecos.