viernes, 10 de febrero de 2012

Crematorio de Rafael CHIRBES

Vuelve a estar de actualidad la sociedad española de las últimas décadas y la corrupción urbanística, que ha sido retratada implacablemente por Rafael Chirbes. La causa es la reposición en televisión de la serie de ocho episodios de cincuenta minutos cada uno, inspirada en la novela titulada Crematorio, que en 2007 ganó el Premio Nacional de la Crítica.
Canal + estrenó el 7 marzo 2011 una versión teleserie de la novela (que se podía ver los lunes a las 22 horas). Ahora se repone la noche de los lunes de la Sexta. Ganadora del Premio Ondas 2011 a la Mejor Serie Nacional, y Premio de la Crítica “a lo mejor del año” en el Festival de Vitoria, la protagoniza Pepe Sancho, acompañado por Juana Acosta y Alicia Borrachero.
La tensión e intriga que ofrece la serie, en la línea del género negro y policíaco, no es exactamente lo que encontramos en la novela, por una razón obvia que es el hecho de que el lenguaje de una novela y el de una serie audiovisual es distinto. El resultado audiovisual no es más que una lectura de la novela.
Por otra parte, Chirbes, en su novela, no pretende contar unos sucesos conocidos por todos, ni denunciar un estado de corrupción, sino que trata de desvelar las frustraciones del ser humano y cómo el desequilibrio emocional a causa de las traiciones no es fácilmente recuperable. De este modo el auténtico tema es la herencia que deja un fracasado, un especulador que es despreciado por quienes le rodean, que por otra parte viven en torno a él y a costa de él. Rubén Bertomeu es el símbolo de que nadie puede gozar gratuitamente sin cargar con la culpa de ello. Representa la paradoja del hombre actual y sus contradicciones.
Rubén fue un joven con inquietudes que pretendió crear un taller artístico reuniendo arquitectura (representada por él), pintura (Montoliu) y literatura (Brouard), y como muchos de los personajes del universo narrativo de Chirbes, pierde sus ideales en el camino y se enriquece con negocios sucios. Lo peor de todo este panorama es que son los individuos cultos los que destrozan aquello que pretendían construir. El propio título simboliza esta idea, porque en el crematorio se incinerarán los restos de Matías (hermano de Rubén), y en el crematorio del tiempo se han hecho polvo los ideales de las generaciones que están ahora en el poder.
Crematorio fue elegido por la crítica como el mejor libro de ficción de 2007, y obtuvo el Premio Cálamo “Libro del Año 2007”. La crítica coincidió en la dureza del tratamiento del tema en ella. “Una novela implacable en la que no se salva nadie, en la que el narrador asume una tarea de notario de la demolición, de forense de las utopías que con un bisturí realista y sin aspavientos dramáticos va constatando los estragos de una galería de seres" (Iñaki Ezkerra, El Norte de Castilla).
Junto con una colega alemana, la doctora Ehrlich, nos reunimos con Rafael Chirbes en noviembre de 2010, en Munich, donde asistía a un “Forum-Autoren”.













Allí mantuvimos con el escritor una interesante charla en la que explicó sus diferencias respecto a la literatura de la memoria, tan de moda y tan ajena a él, porque le parece una literatura “servil”. La literatura de la memoria ha buscado solo la memoria de determinados años, los de la Guerra Civil y la Transición, pero la memoria del pelotazo no se tocó. La memoria, por intereses individuales o políticos, toma unos datos y abandona otros, por lo que puede resultar una memoria falsificada. El pelotazo empezó en víspera de las Olimpiadas, la Expo de Sevilla, el AVE, las leyes de alquileres que permitieron renovar los alquileres viejos en el centro de las grandes ciudades, etc., todo lo cual pone en marcha la especulación. Chirbes explica cómo cada uno tiene “memoria a su manera”. “Yo doy- -comenta- una reconstrucción de lo que aprendí o lo que me llegó a través de mi familia. No soy novelista de la memoria, yo he escrito sobre mi tiempo, lo que he hecho es recoger las contradicciones de mi tiempo. Como la narración que yo escuchaba, no coincidía con lo que yo veía, he contado mi versión de los hechos”.
Todos sabemos que se crearon unas leyes que otorgaban a los responsables de urbanismo la facultad de recalificar y dar permisos, con alcaldes de cualquier partido político. Ese es el mundo en el que se desarrolla la historia tratada en Crematorio. Pero la literatura tiene un espacio distinto al de la historia, aunque nazca desde ella y se cruce con ella; por esta razón la historia en la literatura es representativa del tiempo que le toca vivir.
Crematorio podía parecer (pero me he empeñado en que no fuera así) un reportaje o una novela policíaca. Toda la novela se resuelve en el plano del lenguaje. No hay nudo, no hay tensión, no hay misterio, ninguna intriga que resolver. Toda la tensión y el nudo lo provocan el lenguaje.”
La novela nos introduce en un dilema moral para que tomemos una opción. No hay héroes, ni hay esperanza, ni aparece Dios. “Contar mi tiempo. Poner el contrapunto a lo que veo y oigo”-es lo que hace Chirbes.
Cuando le preguntamos al escritor acerca de la serie televisiva basada en su novela, contesta llanamente: “He visto los guiones. No tienen que ver con el libro. E inmediatamente aclara nuestro estupor explicándonos que han pagado los derechos de la novela y pueden hacer con ella la lectura que quieran, “que hagan con la novela lo que quieran. Si te pagan es para hacer lo que ellos quieran”.
Semejante es la idea que Gabriel García Márquez plantea acerca de esto:
"...el texto que uno escribió ya se habrá diluido en un conjunto de sonidos e imágenes elaborado por otros, los miembros del equipo. El gran caníbal es siempre el director, que se apropia de la historia, se identifica con ella y le mete todo su talento y su oficio y sus huevos para que se convierta finalmente en la película que vamos a ver. Es él quien impone el punto de vista definitivo, y en ese sentido es mucho más autoritario que los guionistas y los narradores. Yo creo que quien lee una novela es más libre que quien ve una película. El lector de novelas se imagina las cosas como quiere-rostros, ambientes, paisajes...- mientras que el espectador de cine o el televidente no tiene más remedio que aceptar la imagen que le muestra la pantalla, en un tipo de comunicación tan impositiva que no deja margen a las opciones personales".
Fotografías: E. García de León

1 comentario:

Luis Morales dijo...

La cita de García Márquez se parece a lo que a mí me dijo en una entrevista Fernández Román: que siempre prefería la radio a la televisión porque en la radio tenía que hacer imaginar al oyente mientas que en TV comentaba lo evidente. Existe cierto paralelismo ¿no? De cualquier forma una cita muy bien traída.