jueves, 22 de marzo de 2018

ESPERPENTOS DIARIOS. 24. Haciendo amigos


Hay días en que dejas de creer en el ser humano y piensas que es la incapacidad intelectual la que se deriva de estas situaciones, incapacidad acompañada del mal disimulado complejo de inferioridad. Muchos sabemos lo difícil que es, la mayoría de las veces, comprender el vocabulario administrativo. Eso no es problema cuando hay funcionarios que atienden con corrección e incluso con simpatía, pero ¡oh, mundo cruel!, nada es lo mismo si tropiezas con una antipática loca que te grita:
- ¿Es que no sabe usted leer?
- Sí, sí, sé leer pero no comprendo esos términos. Me piden un número y hay varios en esta escritura de propiedad, de modo que no sé cual de ellos es.
- ¡Pues lea el documento completo! ¡Lea su escritura!, gritaba la histérica impaciente.
Viendo que el aturdido “cliente”, no encuentra el número en cuestión, le señala con un picudo dedo airado un párrafo, gritando al mismo tiempo:
- ¡Ese es el DNI de su propiedad! ¡Ahí lo tiene!
Miro el párrafo y veo “tomo tal, libro tal, sección cual, folio …, inscripciones tal y cual, no sé qué del arbitrio", etc., etc. Muchos números que además no coinciden con otra anotación posterior. ¿Cuál de ellos elijo? Con el mismo dedo airado con el que señaló el párrafo, podía haber señalado un solo número y ahí hubiera terminado la conversación.
- Señorita –le digo con esforzada humildad-, si yo le preguntara qué es un sintagma o qué sabe usted del Modernismo o si alguna vez ha oído la palabra “serendipia”, tal vez tuviera dificultades para contestar. Yo tengo dificultad de comprensión con el vocabulario administrativo. No lo entiendo.
Molesta por la contestación, sin mirarme siquiera, echa una ojeada al reloj, coge al vuelo su abrigo y se larga. “Ah, comprendo –pienso-, la han machacado toda la mañana y se ha desahogado conmigo”. Un chico joven que había estado oyendo desde su mesa la esperpéntica conversación,  se acerca al mostrador.
-Por favor -le digo-, la loca gritona de tu compañera que, antes de empezar a atenderme ya me ha anunciado el precio del documento que solicito, me ha dejado tirada ¿Puedes ayudarme y decirme qué número me piden en este apartado?
El joven (me pareció que se sentía avergonzado) no solo me explica lo que significa el vocabulario del párrafo sino que me indica,  y para siempre, cuál es el número que debo poner.

Vuelvo a creer en el ser humano.

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