jueves, 21 de agosto de 2014

La excepción (2012). Audur Ava Ólafsdóttir

“La vida es sufrimiento y desengaño, confórmate con eso”
Esta novela, considerada por la crítica y los lectores islandeses como su mejor novela, viene avalada por anteriores novelas de la escritora islandesa, cargadas de premios y reconocimiento (La mujer es una isla, Rosa cándida)
Comienza con la celebración de fin de año, momento en que, con la copa de champán en la mano, el marido, tan detallista siempre, comunica a la voz narradora, su esposa, “tú serás la última mujer de mi vida” (p.5) y le anuncia que se va a vivir con su amante con quien mantiene relaciones desde hace un año.
 El comportamiento humano es caprichoso. De la noche a la mañana toda la vida de una persona puede cambiar de rumbo. Así le ocurre a la protagonista quien no entiende nada del descubrimiento de las tendencias sexuales de su marido después de haber compartido su vida durante once años, y se pierde en absurdos pensamientos acerca de si fue despiadado elegir la última noche del año para abandonarla:
¿sería mejor bajo la lluvia o tiene que esperar a que esté despejado?, ¿podría mi marido salir del armario el día más cálido de agosto que se recuerde, o cuando tenga otitis uno de los mellizos, o en el aniversario de bodas de mis suegros?, ¿puede decirlo en cuanto ponga el primer salmón del verano, recién pescado, en la parrilla?, ¿puede una persona estar completamente desnuda, al salir de la ducha, o tiene que estar completamente vestida a la hora de oír la verdad?, ¿es mejor nada más abrir los ojos, todavía en la cama?, ¿habría sido mejor el martes que la noche del jueves? (p. 29)
¿Cuándo es el momento adecuado para decir la verdad?
En este intermedio tan confuso se hace presente Perla, su vecina, enana, consejera matrimonial, escritora de novela negra para un conocido escritor cuyo nombre nunca ha revelado, que se convierte en una presencia constante, con cualquier pretexto, escribiendo cuanto observa.
La voz de la narradora cuenta lo que le ocurre, en primera persona, durante toda la novela, dando entrada a la caracterización de los demás personajes mediante los diálogos y trayendo al presente recuerdos del pasado. La brevedad de los capítulos (setenta y cinco en total) consigue dotar a la narración de gran fluidez, representando el segmentado proceso mental de la voz narradora.
Su primera decisión es llevar a su hijo, mellizo de una niña de dos años y medio, a la peluquería para cortar sus rizos rubios y entrenar su masculinidad, deja de llamarle Bambi para utilizar su nombre real, Björn, y le retira el chupete.
Recuerda obsesivamente las palabras de su marido, “siempre serás la mujer de mi vida” (p.54), “eres la excepción de mi vida” (p.8)  y espera su regreso, su visita o su llamada, en cualquier momento. Pasa las noches en vela, con un sentimiento frecuente en el abandono de una pareja, sentimiento que ella hace explícito: “la cama doble de matrimonio es un mar gris y proceloso por el que nado errante toda la noche entre un día y el siguiente mientras mi deseo persevera” (p.66). Su problema, de difícil resolución, radica en el hecho de que resulta difícil aceptar que el futuro vaya a ser tan diferente a como ella esperaba, su mundo se tambaleaba hasta derrumbarse.
Sus pensamientos avanzan sin riendas. Imagina a sus hijos en sendos ataúdes blancos cuando en medio de una ventisca de nieve y una gélida neblina los lleva de excursión cerca de un río glaciar. Siente ganas de arrancar de cuajo el corazón a su marido, aunque sabe que él diría “Se te pasará”. Alimenta a los niños de langosta y paté de hígado que es lo único que en esas fechas festivas tenía preparado en su frigorífico. Cuelga una hamaca en el jardín, entre dos serbales, en pleno invierno y se tumba en ella con los niños para contemplar las estrellas.
En medio de todo este caos, su madre le anuncia que viene Albert, su padre biológico que quiere conocerla. Durante un curso de idiomas en el extranjero, con 19 años, se quedó embarazada de ella. En el encuentro con Albert a quien no conoce,  descubre que es su única descendiente. La aparición del padre extranjero en su vida, le aporta una nueva complicación: muere inexplicablemente en la habitación de un hotel y la deja heredera única de sus posesiones y el encargo de ocuparse de sus cenizas.
Cuando ella llega a la casa de Albert comprende muchas referencias que guardaba en su memoria. El desenlace de esta historia, chocante e inesperada, lo conocerá el lector de la novela, No seré yo quien lo descubra. Perla, que construye su novela a medida que avanza la trama en la vida de su vecina, va a sufrir un importante giro en su vida y va a ser la afortunada en disponer de los numerosos diarios de Albert.
De cualquier manera, en la novela se pone en evidencia las trampas de la memoria porque “lo que pasó no es lo mismo que la historia de lo que sucedió. Los diarios no son la verdad sino sus pensamientos y sus deseos, incluso sus obsesiones.”(p. 232)
Esta oleada de eventos impredecibles en una vida, en la que se incluye incluso la adopción de una niña, esperada mucho antes del giro en la vida del matrimonio, sorprende incluso a su vecina Perla, la escritora, “Si escribo todo esto –dice-, mi editor borra la mitad. La vida es más fuerte que la ficción. Perla en ningún momento deja que su vecina caiga en la autocompasión e intenta canalizar sus conocimientos para ayudarla a iniciar el proceso de desenamoramiento, para hacer bajar a su marido del pedestal en el que lo tiene.
Parece un  resumen de la teoría del caos que estudiaba su marido con su “amigo” matemáticos ambos quienes consideraban que “hay que suponer el caos, lo aleatorio y el vacío en cualquier ámbito de la existencia” (p. 42)
Concluiré citando la curiosa afirmación que la escritora islandesa pone en boca de Perla:
Nadie describe la belleza del cuerpo masculino tan bien como Lorca” dice Perla, la vecina que va construyendo su novela a medida que avanza la trama. (p.183)