sábado, 10 de mayo de 2014

Rafael Chirbes. En la orilla

  Chirbes contra Chirbes. Reseña.
Con ese título define el escritor su novela En la orilla, premio al mejor libro del año por los periodistas y críticos del periódico de El País, y reciente premio de la Asociación Española de Críticos Literarios.
¿Qué es lo que distingue esta novela de otras? Pues precisamente la hace insustituible que nos regala un nuevo punto de vista sobre la realidad, es una forma distinta de mirar y conocer el mundo.
A partir del hallazgo de un cadáver en el pantano de Olba se pone en marcha la narración, en clave de realismo expresionista, de Esteban, cuya vida ha sido y es una ruina. Es realmente una víctima. Al cerrar la carpintería en la que ha trabajado con su padre, pasa a ser el verdugo de quienes dependían de él.
Es un viejo al cuidado de otro viejo -su padre-, solo, arruinado, se mueve en el fango de ese pantano en el que se hunden los restos de los valores que han regido su mundo. Su mundo que es el nuestro, en el que todo "valía": se lavaban conciencias con dinero, se practicaba el delito, la explotación, la corrupción, etc. 
No solo habla Esteban, otros personajes hacen sus reflexiones en distintas secuencias, ofreciéndonos una visión pesimista y corrosiva de la condición humana, del inicio de un nuevo siglo, el XXI, en el que se ha esfumado el bienestar, y con ello las ilusiones y esperanzas, fulminadas como por arte de magia.
En la orilla es una novela discursiva en la que hay un tronco central y un coro de personajes que van componiendo la historia. A veces, muchas, parece que se va por las ramas pero esa es precisamente su estructura. Chirbes se pregunta: "¿Por qué no se puede contar yéndose uno por las ramas, y que estas formen parte del tronco? Esa era la idea." Y abarca todo un universo y mantiene la tensión.
En la orilla es un prodigio verbal. Chirbes cuenta lo que sus ojos ven, reflexiona sobre lo que su alma capta del ser humano y la sociedad en la que se desenvuelve y juega con las palabras a su antojo, como un auténtico domador. De ahí la presencia constante de enumeraciones de conocimiento enciclopédico, de descripciones expresionistas en las que intervienen todos los sentidos, de expresiones coloquiales junto a elementos de extraordinaria literariedad, y reformula semánticamente palabras con un nuevo sentido.
Chirbes está presente en esta novela con muchos de sus temas recurrentes: el olor, el mar, la vejez, la relación padre-hijo. Es un realismo sin contemplaciones el que encontramos en cada línea, un ácido pesimismo que se desprende de cada uno de sus interrogantes existenciales. Y son impresionantes las metáforas que ofrece sobre la condición humana en las que es capaz de reinterpretar mitos establecidos. Es lo que ve, cómo lo ve, y cómo parecen puñetazos en la boca del estómago del escritor, cuando lo escribe, del lector, cuando lo lee.
Termino esta reseña con la frase final del libro: "...las joyas  siguen conservando el valor que tenían el octavo día de la creación del mundo, cuando Eva vio una serpiente y le echó mano creyéndose que era un collar de esmeraldas."

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