lunes, 20 de mayo de 2013

El molino y la cruz

El azar, que últimamente me acompaña con su cara más amable, me condujo ayer a la proyección de una especial película, polaca, del 2011: "El molino y la cruz", del director Lech Majewski, una película catalogada con una breve descripción: "visualmente subyugante"


Reelabora en lenguaje cinematográfico "El camino del calvario", un cuadro del pintor belga Pieter Brueghel el Viejo, quien interpreta la pasión de Cristo en Flandes, en el momento (1564) en que los españoles ocupaban la región y cometían todo tipo de desmanes, amparados tras la Inquisición. Muchas de las escenas son impactantes.

Con el molino en lo alto de un gran montículo rocoso, y la cruz, abajo en la ladera verde, las escenas reúnen a los jinetes españoles con casaca roja y a los habitantes de la zona en un paisaje popular, cargándose de  un significado profundo.
Pero lo más atractivo de la película es la mirada. Rutger Hauer, el actor que encarna el personaje de Brueghel, pinta su cuadro de manera tan convincente, que en algunos momentos, no sabes si los personajes de carne y hueso se van a quedar petrificados como personajes pintados, o si los personajes pintados van a comenzar a moverse. Cada primer plano, además, tiene toda la caracterización de un cuadro, plasmando en primer término al personaje, y al fondo, con gran profundidad, una paisaje en suaves colores pictóricos. 
Es el lenguaje del pintor, traspasando la pantalla y creciendo con la conjunción con el lenguaje fílmico.

Comparto el tráiler y las fotos, magníficamente seleccionadas, de la página
http://www.surtseyfilms.es/peliculas/el-molino-y-la-cruz/

Trailer_____________________________________________________________________________

Fotos_____________________________________________________________________________
Ficha artística______________________________________________



domingo, 19 de mayo de 2013

Mercado medieval en Albacete. VII edición


Es el VII Mercado Medieval celebrado en la ciudad de Albacete, una atractiva recreación histórica que ha conseguido, una vez más, una gran afluencia de público, a pesar de las inclemencias del tiempo.
Estandartes y banderolas engalanan el mercadillo
Una amplia colección de personajes constituyen esta recreación de la sociedad medieval:
Músicos

Músico

El matasanos y su ayudante Avelina

Cómicos

El panadero

El guerrero

Taberna

Taberna

Las damas

El duende Froilán

Cetrero

Taberna

Cetrería

La doncella

El juglar Crispín d' Olot
Comerciante



sábado, 18 de mayo de 2013

ESPERPENTOS DIARIOS. 11. Uno de viajes en tren

Una amarga historia.
Los trenes de hoy ya no son como los de antes. Entre la película que exhiben pantallas que cuelgan del techo, con su consiguiente aislamiento en forma de auriculares individuales, y los móviles que son una extensión natural de las extremidades humanas, nadie conversa como antes en los compartimentos de aquellos ralentizados trenes, en los que, frente a frente, los viajeros pasaban largas horas, compartían sus viandas, e intercambiaban todo tipo de confidencias. Tal vez pensaban mirando a su interlocutor: "puedo contarte cualquier cosa, porque ni te conozco ni te volveré a ver".
Pero a veces, esporádicamente, por una extraña razón, surge la conversación en estos deshumanizados trenes actuales, una conversación inevitable, como ocurrió la otra tarde. Iba yo de viaje hacia un lugar de la costa mediterránea, cuando un fuerte golpe frenó el tren casi en seco, lanzándonos peligrosamente hacia el asiento delantero. Alguien había activado la emergencia, a pesar de las amenazas de penalización por ello. No debía ser un acto banal pues. Una puerta abierta del tren, mostrando la dureza de la tierra reseca, junto a las vías, alertó nuestra conciencia. Enseguida corrió como la pólvora, entre viajeros asustados por lo inesperado e inexplicable del caso, la noticia: una mujer se había arrojado a la vía.
Otra, que antes viajaba a su lado, temblaba nerviosa, porque las confidencias de la desaparecida habían destapado el drama de una mujer que, profundamente enamorada, había sufrido el desengaño definitivo de su amante. Mientras él le daba generosas pruebas de su amor, desatada la lengua por los efectos liberadores del alcohol, parece ser que le dijo: "Te lo debía. Te lo tenía que decir. Hay una chica que está enamoradísima de mí. Ahora ¿entiendes lo que significan mis últimos poemas?", porque el tipo debía ser uno de esos contadores de sílabas de recalcitrante rima, que seguramente oculta su incapacidad de desarrollar sentimientos auténticos, y una vez desinhibido, dejaba salir su tendencia natural perversa. 
Lo que entendió esta mujer es que él no amaba a nadie más que a sí mismo, y de rebote creía amar solo a aquellas que mostraban cierta inclinación a su arte de seducción, un Valmont cualquiera, que practicaba con ingenio el arte de embaucar a las emocionalmente simples, débiles o frágiles. Y sintió que un agudo puñal se clavaba en su nuca, la descabellaba literalmente, era el remate definitivo de una tóxica relación. Más aún cuando en tres sucesivas ocasiones, sintiéndose morir, le demandó ayuda, y él, según contó la mujer, guardó un delator silencio. No pudo digerir su dolor y después de abrir su alma a una desconocida, que no captó como una despedida el alcance de la confesión del dolor en sus palabras, se lanzó al vacío desde el tren, sin que nadie pudiera evitarlo.
La historia me ha impresionado, tanto por la fidelidad de ella como por la bajeza de él. Que conste que tardaré una buena temporada antes de coger otro tren. Yo también tengo el corazón quebrantado.

viernes, 17 de mayo de 2013

La Beatlemanía vuelve con The Cavern

Desde Liverpool, The Beatles han regresado encarnados en The Cavern.
Un déjà vu, es la experiencia que viví la noche del 14 de mayo en el espectáculo del grupo musical  The Cavern, quienes toman el nombre del mismo lugar donde nacieron The Beatles. Es curiosa la semejanza lograda en la fisonomía, la idéntica indumentaria, la fidelidad del sonido sesentero, los instrumentos y sistemas de amplificación -réplicas de los auténticos-, y según parece, incluso las mismas cuerdas que utilizaba el grupo. Una puesta en escena perfecta.  
Con todo ello da la sensación de que el tiempo ha hecho un bucle y volvemos a vivir tiempos ya vividos antes. 
Vemos a los Beatles y escuchamos sus canciones y algo por dentro se remueve desde el mismo momento en que aparecen las siluetas recortadas en el fondo azul del escenario, y más aun cuando observas detalles, casi olvidados, como a Paul Mc Cartney tocando la guitarra con su mano izquierda, o a John Lennon dando pataditas al aire. 
Algo contagioso ocurre en el patio de butacas: la gente se pone en pie, bailamos como si estuviésemos asistiendo a uno de nuestros primeros guateques, suben a toda velocidad las endorfinas, e incluso las feromonas y en una especie de celebración colectiva, todo el mundo se exalta y contagia de  alegría. Volvemos a sentirnos jóvenes. La euforia de la sala es increíble; mi acompañante me mira, desde el azul de sus ojos, sonriente,  percibo como se eriza su barba entrecana. 
El néctar de los dioses, un Ribera del Duero, pone punto final a tan especial velada.


viernes, 3 de mayo de 2013

Ángel González de la Aleja: las modas pasan, el genio permanece.


2 de mayo de 2013: inauguración de una interesante exposición en el Museo Municipal de Albacete, que reúne la obra de Ángel González de la Aleja. 
Leemos en el catálogo acerca de la "ensoñación poético-mágica" de los cuadros de su primera época, que difumina "los límites entre lo real y lo imaginario", de su magistral "técnica de veladuras", la perfección que consigue en la representación de objetos cotidianos de los que parece "emanar la realidad del tiempo, su discurrir lento pero imparable", sus reales y al mismo tiempo idealizados paisajes y pueblos manchegos, sus "tonalidades cromáticas de máxima complejidad y belleza", en suma, una particular mirada del entorno sencillo y cotidiano.
Pero al margen de estas certeras reflexiones, me atreveré a exponer un detalle que me ha llamado la atención. Todas sus impresiones sensoriales representadas con formas curvas (el cuerpo humano desnudo, frutas, flores, jarras, fruteros, etc.) van acompañadas de líneas geométricas muy marcadas:
 El hombre con el torso desnudo, lágrimas en los ojos y la niña inmóvil en brazos (Hombre con niña), tiene tras él bien marcada la verticalidad de una línea que separa el fondo claro del oscuro. Las frutas reposan en redondas fuentes o fruteros, sobre blancos manteles en los que se distinguen con claridad rectas arrugas o lineales pliegues, y manteles de cuadros (Bodegón con membrillos, Bodegón, Bodegón con flores amarillas y sillas, etc.). Un cuerpo femenino desnudo sentado en una cama, con rectos pliegues y un cubrecama de cuadros (Tristeza). La redondez de la mujer que amamanta al niño (Dando el pecho delante de la ventana) resalta sobre el fondo lineal de las contraventanas, los agudos ángulos de la mesa que hay a la derecha del cuadro o los baldosines cuadrados del suelo. Las suaves curvas de la mujer que está tumbada de espaldas en un sofá, cubierto por una pieza de tela con numerosos pliegues (Desnudo en sofá con pueblo al fondo) enmarcada  entre la recta baranda del balcón, la geometría de los baldosines del suelo y la línea recta que domina en los edificios del fondo.
La redondez de la pareja de novios abrazados está rodeada por la verticalidad de las casas del paisaje del fondo y la rígida linealidad de los pliegues del velo e incluso del traje de novia (Novios en la ventana). El entrañable bienestar que sugiere la ropa de cama amontonada en el suelo (El desahucio) se oculta tras la línea recta del cabecero y pie de la cama, la silla, la mesita volcada y el marco de un retrato. Los bañistas desnudos en la arena (Anochecer en la playa de Benidorm) y la pronunciada curva del paseo marítimo, están enmarcados por la verticalidad paralela de las palmeras tras las cuales se levantan rascacielos geométricos repletos de idénticas ventanas.
La relación entre lineas rectas y curvas cobra obviamente una fuerte carga de significado en la obra pictórica de González de la Aleja.

La chimenea

Hombre con niña

Soñando con el tiempo
Novios en la ventana

Anochecer en la playa de Benidorm

El desahucio

Dando el pecho delante de la ventana

Desnudo en sofá con pueblo al fondo

Tristeza

Bodegón en la terraza con limones

Bodegón en patio con granadas

Bodegón con granadas

Variaciones sobre una foto

miércoles, 1 de mayo de 2013

Kavafis, el poeta griego


A finales de abril de 2013, el día 29, se cumplían 80 años de la muerte de un poeta, ignorado en vida y valorado ahora como uno de los poetas representativos del siglo XX, de aconsejada lectura por los estudiosos del canon literario. Nos referimos a Konstantinos Kavafis, nacido en 1863 en Alejandría (Egipto), y muertos el mismo día, en la misma ciudad, 70 años después (curiosa coincidencia), y cuya poesía es clara representación del profundo amor a la belleza que sentía y expresaba en ella.

Maestro de maestros como Cernuda y Gil de Biedma, ancla sus raíces poéticas en la vida como viaje, el paso inexorable del tiempo y el erotismo, todo ello en el marco de una ciudad, la suya, Alejandría, a la que nombra en el poema que dedica a Marco Antonio, “Di adiós a Alejandría que se aleja, sobre todo no te engañes, / no digas que fue un sueño…”.  Es un verso que fácilmente reconocemos en la novela de Terenci Moix, del mismo nombre, en la que el escritor describe sus amores con esa exquisita y sensual ciudad de aceites y fragancias embriagadoras, y de una increíble sabiduría atesorada en su Biblioteca, esa añorada Alejandría.
Inspirado en el mito de la vuelta a casa de Ulises, Kavafis nos regala uno de sus poemas más leídos, “Ítaca”, el nombre de esa ciudad a la que se dirige Ulises después de superar los peligros que se oponen a su llegada, esas experiencias que nos acompañan y enriquecen nuestras vidas, representados metafóricamente por los que pasa Ulises, ese lugar hacia el que todos caminamos de vuelta a nuestra patria, a nuestros orígenes, a nuestra verdad profunda.

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca 
pide que el camino sea largo, 
lleno de aventuras, lleno de experiencias. 
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes 
ni al colérico Poseidón, 
seres tales jamás hallarás en tu camino, 
si tu pensar es elevado, si selecta 
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo. 
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes 
ni al salvaje Poseidón encontrarás, 
si no los llevas dentro de tu alma, 
si no los yergue tu alma ante ti.
Pide que el camino sea largo. 
Que muchas sean las mañanas de verano 
en que llegues -¡con qué placer y alegría!- 
a puertos nunca vistos antes. 
Detente en los emporios de Fenicia 
y hazte con hermosas mercancías, 
nácar y coral, ámbar y ébano 
y toda suerte de perfumes sensuales, 
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias 
a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Ítaca en tu mente. 
Llegar allí es tu destino. 
Mas no apresures nunca el viaje. 
Mejor que dure muchos años 
y atracar, viejo ya, en la isla, 
enriquecido de cuanto ganaste en el camino 
sin aguardar que Ítaca te enriquezca.
Ítaca te brindó tan hermoso viaje. 
Sin ella no habrías emprendido el camino. 
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado. 
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, 
entenderás ya qué significan las Ítacas.

(C. P. Cavafis. Antología poética. Alianza Editorial, Madrid 1999. Edición y traducción, Pedro Bádenas de la Peña)

El cantautor Lluis Llach, pone música al poema de Kavafis, con ciertas variaciones, pero con un bellísimo sonido al fondo, del movimiento de las olas del mar.
http://youtu.be/B2G4FQby7bM