Ya Semos europeos fue, en 1989, una serie que emitía TV2. El grupo de teatro Els Joglars montó siete capítulos, de media hora cada uno, en los que ironizaba sobre temas como el paro, el trato dado a los animales, los concursos, las comunicaciones... El humor sarcástico y cínico que de ellos se destila los hace intemporales, tanto que, salvando escasamente las distancias, bien pudiera ser un rodaje actual. En este vídeo, que a continuación comparto, se pone de relieve la estupidez de los políticos, su enriquecimiento con dinero público y la miseria resignada del pueblo. Con el título "El paro" se abordan, con humor, originales soluciones en el ámbito internacional (primera mitad del vídeo) y en el nacional (segunda mitad). La presentación de las imágenes en forma de reportaje (el propio Albert Boadella, director del grupo actúa de reportero) es un interesante recurso narrativo que da verosimilitud a las imágenes. Resulta pues, más chocante, cuando las imágenes distorsionan la realidad; esta distorsión es la base del humor en las originales soluciones al problema planteado.
domingo, 30 de marzo de 2014
jueves, 20 de marzo de 2014
Ana María Moix
28 de febrero de 2014: Ana María Moix engrosa la larga lista de muertos desde que comenzó el año.
Comenzó su andadura en 1968 cuando José María Castellet la incluyó en su antología Nueve novísimos españoles. Desde 1969 a 1973 su actividad literaria fue muy variada: publicó tres poemarios (reunidos posteriormente con el título A imagen y semejanza), un par de novelas (Julia y Walter ¿por qué te fuiste?), un libro de relatos (Ese chico pelirrojo a quien veo cada día), artículos varios, un libro infantil (La maravillosa colina de las edades primitivas) y su primera traducción (La Semana Santa de Louis Aragón).
Comenzó su andadura en 1968 cuando José María Castellet la incluyó en su antología Nueve novísimos españoles. Desde 1969 a 1973 su actividad literaria fue muy variada: publicó tres poemarios (reunidos posteriormente con el título A imagen y semejanza), un par de novelas (Julia y Walter ¿por qué te fuiste?), un libro de relatos (Ese chico pelirrojo a quien veo cada día), artículos varios, un libro infantil (La maravillosa colina de las edades primitivas) y su primera traducción (La Semana Santa de Louis Aragón).
La poeta de la "gauche divina", después de un paréntesis de más de diez años, volvió a la creación literaria con un par de libros de relatos, una novela, numerosas traducciones de obras de S.Beckett, Marguerite Duras, Françoise Sagan, etc. Dirigió las colecciones de poesía y relatos en las editoriales Plaza&Janés y Bruguera.
Hace unas cuantas décadas, tropecé casualmente con el libro de relatos que lleva el título del último del libro, Ese chico pelirrojo a quien veo cada día, publicado en 1971. Desde el primer momento pasó a situarse en el estante de los libros favoritos, libro que regalé a cuantos amigos lectores conocí en aquella etapa, y que leí y releí para mí y para quien me quiso escuchar durante unas cuantas docenas de ocasiones.
Son relatos inquietantes que, según palabras de la propia autora hay que leer "buscando sensaciones, no imágenes. Es como un cuadro abstracto".
En esta colección de relatos, A.Mª Moix manipula los elementos reales y los combina de un modo tan peculiar que da lugar a un universo irreal y extraño cuyas raíces siguen ancladas a la realidad cotidiana narrada. Es un mundo fantástico en el que se mira el mundo común de una manera no común. El resultado salta los límites de lo verosímil.
Los elementos fantásticos aportan al relato una triple dimensión: producen en el lector un efecto sorprendente -miedo, curiosidad...- , su presencia permite una organización en torno a la intriga y lo descrito no tiene realidad fiera del lenguaje. Se distorsionan situaciones, desviándolas de la realidad de la que parten e se insertan, en estas distorsiones, expansiones imprevisibles
La forma exagerada de la distorsión es el suspense, que la escritora consigue mediante procedimientos de retardamiento -en los que la narración transcurre morosamente lenta- y reactivación -acelerando la acción. Los acontecimientos se suceden rápidamente y se llega a un final imprevisto, chocante por tal imprevisión. En ello radica la clave de la inverosimilitud (Leer Ese chico pelirrojo a quien veo cada día y Las nutrias no piensan en el futuro.
Tras los límites de su mundo irreal, plantea la crítica social.propone tres respuestas a la realidad: la adaptación e integración en los esquemas sociales, como es el caso del vampiro de Yo soy tu extraña historia, la locura por incapacidad de integración, como en Ella comía cardos y en Dimensión telefónica al séptimo potencial, y el cambio de identidad. Esta última es la idea recurrente a lo largo de todo el libro. Hay identificaciones niño-nutria al final de Las nutrias no piensan en el futuro. Hay confusión de percepción entre lo que es, un niño, y lo que se percibe, un gato, en Ese chico pelirrojo a quien veo cada día. Hay una mutación de niño a pájaro en Martín, el recién hermano de Martín, su padre, su madre, el médico, tía Juanita, las jaulas y un pájaro. Hay cambio de personalidad y confusión de sexo entre dos amigos y dos amigas, en Correo urgente, y así constantemente en la mayoría de los relatos. Son mutaciones extrañas, y tanto más sugerentes y simbólicas cuanto más inverosímiles.
Ana Mª Moix plantea además, problemas como la incomunicación, la deshumanización, la masificación urbana... Denuncia el rechazo sistemático de los estudios científicos, la incomprensión generacional, la proliferación de carnés que encasillan y etiquetan sistemáticamente al hombre, la violencia del sexo reprimido, adopta posturas ateístas, ridiculiza la juventud progresista y sus valores, etc., y todo ello desarrollado con una fina ironía que pone en evidencia la capacidad crítica de la autora, que presenta un universo simbólico con una "ilógica razonada".
Mezcla constantemente las pasiones con las ideas y, utilizando un "descuido" consciente en el lenguaje, consigue un equilibrio perfecto entre el razonamiento y el uso verbal, especialmente cuando se trata del lenguaje infantil.
El libro, en suma, es una continua sorpresa.
Los elementos fantásticos aportan al relato una triple dimensión: producen en el lector un efecto sorprendente -miedo, curiosidad...- , su presencia permite una organización en torno a la intriga y lo descrito no tiene realidad fiera del lenguaje. Se distorsionan situaciones, desviándolas de la realidad de la que parten e se insertan, en estas distorsiones, expansiones imprevisibles
La forma exagerada de la distorsión es el suspense, que la escritora consigue mediante procedimientos de retardamiento -en los que la narración transcurre morosamente lenta- y reactivación -acelerando la acción. Los acontecimientos se suceden rápidamente y se llega a un final imprevisto, chocante por tal imprevisión. En ello radica la clave de la inverosimilitud (Leer Ese chico pelirrojo a quien veo cada día y Las nutrias no piensan en el futuro.
Tras los límites de su mundo irreal, plantea la crítica social.propone tres respuestas a la realidad: la adaptación e integración en los esquemas sociales, como es el caso del vampiro de Yo soy tu extraña historia, la locura por incapacidad de integración, como en Ella comía cardos y en Dimensión telefónica al séptimo potencial, y el cambio de identidad. Esta última es la idea recurrente a lo largo de todo el libro. Hay identificaciones niño-nutria al final de Las nutrias no piensan en el futuro. Hay confusión de percepción entre lo que es, un niño, y lo que se percibe, un gato, en Ese chico pelirrojo a quien veo cada día. Hay una mutación de niño a pájaro en Martín, el recién hermano de Martín, su padre, su madre, el médico, tía Juanita, las jaulas y un pájaro. Hay cambio de personalidad y confusión de sexo entre dos amigos y dos amigas, en Correo urgente, y así constantemente en la mayoría de los relatos. Son mutaciones extrañas, y tanto más sugerentes y simbólicas cuanto más inverosímiles.
Ana Mª Moix plantea además, problemas como la incomunicación, la deshumanización, la masificación urbana... Denuncia el rechazo sistemático de los estudios científicos, la incomprensión generacional, la proliferación de carnés que encasillan y etiquetan sistemáticamente al hombre, la violencia del sexo reprimido, adopta posturas ateístas, ridiculiza la juventud progresista y sus valores, etc., y todo ello desarrollado con una fina ironía que pone en evidencia la capacidad crítica de la autora, que presenta un universo simbólico con una "ilógica razonada".
Mezcla constantemente las pasiones con las ideas y, utilizando un "descuido" consciente en el lenguaje, consigue un equilibrio perfecto entre el razonamiento y el uso verbal, especialmente cuando se trata del lenguaje infantil.
El libro, en suma, es una continua sorpresa.
sábado, 15 de marzo de 2014
La invención del amor de José Ovejero: más allá de la realidad
Con “La invención del amor” José Ovejero obtuvo el XVI Premio Alfaguara
de Novela 2013, con la siguiente declaración: “El Jurado quiere destacar que se trata de una historia de amor nada convencional,
sorprendente, que surge a partir de una impostura y del poder y las
posibilidades del azar. La novela también revela la fuerza transformadora de la
imaginación y su capacidad para construir nuevas existencias. La historia se
desarrolla en una gran ciudad, Madrid, en un fondo de zozobra y quiebra
personal y social”.
La novela consta de veintiocho capítulos. Salvo el primero, que presenta
la trama, el resto se fundamenta en la construcción de un personaje, desde
diversos puntos de vista: Clara según Carina, según Samuel, según Samuel, el del cuarto. Estos distintos
puntos de vista van reconstruyendo un personaje que nunca aparecerá en la
novela más que a través de las palabras y los ojos de los otros, porque está
muerta.
Precisamente ese es el hecho impactante con que empieza la novela: una
llamada a Samuel le comunica la muerte de su amante Clara en un accidente de
automóvil. El problema surge cuando el lector sabe que Samuel ni tiene amante
ni conoce a ninguna mujer que así se llame. El azar, la casualidad, que en la
vida se acepta, en la literatura es trabajoso presentarla de forma verosímil. Tal
vez porque el personaje vive una vida aburrida, o tal vez porque el autor juega
con esta clave para ofrecer la idea desarraigada de que los seres humanos no se
conocen entre sí, lo cierto es que a partir del momento en el que Samuel –el yo
narrador- acepta esa confusión, entra en un juego de impostura que implica al
lector en el temor a que se descubra en cualquier momento.
Samuel representa esa generación que está en la década de los cuarenta:
Cuarenta es la edad maldita, no la adolescencia, como se supone, tampoco
la vejez. En la adolescencia sientes una
rabia creativa que no te ata a la silla ni al recuerdo de los tiempos
supuestamente mejores e incluso el miedo que sientes es un combustible que te
mantiene vivo, que te hace buscar la puerta de salida o entrada, y si te
deprimes piensas que no eres tú el responsable de ese desaguisado que es el
mundo: cuando eres adolescente son siempre otros los culpables. Mientras que un
anciano ha tenido el tiempo de irse cargando de culpas y de ir asumiéndolas, de
conformarse con las propias limitaciones. (p. 4)
Sin embargo, la novela no es
exactamente un retrato generacional, es el retrato de una soledad, de la
incomunicación del ser humano que, a pesar de estar rodeado de Internet,
telefonía y cuantos medios de comunicación existen, pone en evidencia la idea cortazariana
de que la realidad no es lo que parece, oculta mucho más de lo que nos permite
ver. Hay ciertamente presencia de la actualidad española en la novela: la
crisis económica y moral, los ERES y especuladores, las “snuff movies”, con la presentación en directo de nuestras miserias,
etc. Todo ello no deja de ser un marco narrativo, del mismo modo que, en otro
lugar de la novela se hace un recorrido por el Museo del Prado, insertando
interesantes reflexiones sobre algunos cuadros.
Desde el comienzo, el lector tiene la certeza de que nadie tiene tantos “amigos”
verdaderos como los que se amontonan en las redes sociales, nada es lo que
parece, por eso es cómplice del narrador que relata, a retazos, una vida que no
es la suya. Compone el puzzle de las vidas de los demás, en las que entra casualmente,
por una curiosa e increíble coincidencia, solo creíble por el pacto de ficción
que el escritor establece con el lector. Nos referimos a esa inesperada llamada
telefónica que anuncia la muerte de Clara. Él no desmiente la equivocación y
entra a formar parte de vidas que nunca coincidieron con la suya, abriendo las
puertas al suspense y a un curioso juego de espejos.
Una mentira y todo cambia…Porque ya te has creado un personaje y has
convencido a los demás de que ese personaje eres tú; y ahora no puedes salir tú
mismo a escena para mostrar quien eres. Ahí está, tu doble, el otro
inventado que querías que diese la cara por ti. Una mentira y ya no eres
nadie, ya no existes, porque ahora a ojos de los demás eres otro, ese que has
dicho que eras. (p. 57)
Ovejero echa mano de un recurso propio de la ficción fantástico, el
doble, confrontando lo real y lo aparentemente no-posible. Hay una obvia
transgresión del funcionamiento del mundo, ¿por qué suena el teléfono de
Samuel? ¿qué sentido tiene que un desconocido llame a otro desconocido y conozca
su número de teléfono? ¿Casualmente marca el número, pero coincide el nombre
del personaje que recibe la llamada? Contrasta pues, lo ocurrido con la
experiencia del mundo cotidiano. A partir de este momento inicial, el autor
trastoca la realidad, pero la hace creíble recuperándola con unos cuantos pasos
del azar, una serie de casualidades, que va engranando en la historia.
En
ese mundo imaginado en el que se instala, en el que la mentira y la imaginación
se reconstruyen una a otra, hay un punto de realidad que se despliega ante sus
ojos, la de las descripciones, abundantes en esta novela, de personajes y de lo
que el entorno ofrece a la vista del protagonista desde la terraza de su ático, esa
terraza que le “permite ver Madrid, del
cerro de los Ángeles por un lado hasta la sierra de Guadarrama por el otro,
Vallecas hacia el este, solo el noroeste oculto por algunos edificios más
altos” (p. 7). Incluso en estas descripciones tan claramente objetivas, el yo-narrador
se decanta hacia cierto sentido poético procedente del sentido de la vista:
y ver también los distintos planos
inclinados de teja que, por el día, cuando cae el sol a plomo, recuerdan
vagamente un cuadro de Cézanne, y también torres y campanarios, antenas y ese
amanecer…
La terraza es el punto de escape vital del narrador. Por eso surgen constantemente
las descripciones de la panorámica que le ofrecen los tejados que desde allí
observa. En todas hay una sugerencia subjetiva. El narrador identifica sus
pensamientos y sus sentimientos con lo que a sus ojos se presenta:
Subo a la terraza. Cielo añil. (…) Una de las antenas de televisión vibra
produciendo un zumbido monótono. Algún día desaparecerán de los tejados esas
estructuras de varillas oxidadas, que me hacen pensar en esqueletos de un
grácil animal extinto. (p. 31)
Los campanarios de las
iglesias cercanas se van iluminando. En uno de los pisos que se ven desde la
terraza, un televisor encendido. Bajo esos techos, entre esas paredes, ocultas
la mayoría en sus celdas, millones de personas sentadas mirando las imágenes.
Tiene algo estremecedor: a pocos metros unas de otras, hileras y columnas de
personas en una cuadrícula, inmóviles, atentas, olvidadas. Las estrellas se
prenden una a una. (p. 33)
Se siente feliz en ese espacio,
contemplando la noche iluminada y disfrutando con la idea de que todas las
luces de la noche se encienden para él, cada vez que sube a su terraza. Luces,
amaneceres, son la recreación constante de esa habitación rodeada de
ventanales, desde la que observa cómo los vencejos “dibujan arabescos” en el cielo “atravesado
por las estelas de vapor que trazan los aviones” (p. 85). Se demora en
narrar en 1ª persona (p. 26) cómo vuelan los vencejos sobre su cabeza, cómo
chocan contra la malla metálica, cómo uno de ellos cae, y con excesivo detallismo
descriptivo cómo consigue capturarlo para lanzarlo de nuevo al aire. Y concluye
con una original comparación: “Se eleva
de repente, trazando contra el cielo una curva finísima, como un corte en un
papel” (p. 29). Todo ello le da pie a una amplia reflexión acerca de sus
alas, “un error de la naturaleza, un
absurdo tropezón de la evolución que da lugar a una hipertrofia absolutamente
inútil”. Estas reflexiones van aparejadas al hilo de las descripciones, en
esas pausas en las que la acción no avanza. “¿Habrás alguna función matemática que exprese esos trayectos en
apariencia aleatorios? (p. 31), se pregunta observando en la noche los
movimientos no previsibles de los murciélagos
La terraza es la salvación de este hombre que la percibe como fuente de
placer, tiene la impresión cuando está en la terraza “de no estar solo matando el tiempo, sino disfrutándolo” (p. 26).
Ésa parece precisamente la clave del libro. Huye del aburrimiento disfrutando
en crearse una vida inventada en
la que el amor está en el centro. Justo en la terraza, tumbado, disfruta
cerrando los ojos y construyendo con gran precisión la imagen de Clara, su
recién adjudicada amante y recién muerta. Lleva siempre consigo su foto, para
contemplarla “como si quisiera
constantemente adentrarme en el recuerdo de algo que nunca sucedió” (26).
Pero Samuel comienza describiéndose con una perspectiva generacional
pesimista, la de una “versión desmejorada de sí mismo”. Un hombre que vive
solo, en un apartamento sin muchos adornos y sin recuerdos ni siquiera de los
lugares a los que ha viajado. Un apartamento sin ningún anclaje emocional, y
cuya vida cotidiana se deja invadir de
pequeñas manías (…) como cenar en bata o dejar los cacharros sucios
apilados en el fregadero y únicamente ir fregando los que se necesitan, ver la
televisión hasta la madrugada, no quitarse el pijama durante el fin de semana,
perder el tiempo con juegos de ordenador. (…) Procuro combatir la tentación de
no ducharme si no voy a salir, de no afeitarme o no cambiarme de calzoncillos,
de dejar los platos sucios sobre la mesa, de no llamar a nadie durante días. (…)
procuro evitar esa sensación de encierro, de relación enfermiza con pantallas y
artilugios, con los espacios cerrados, con el monótono rumiar de mi conciencia,
con la embarazosa existencia de quien no siente más que cuando se lo impone un
drama televisado.(p. 25)
En ese vacío sentimental, construye la imagen de una mujer muerta, Clara,
a partir de su foto que lleva a la terraza, al dormitorio y a cuantos sitios se
desplaza, recreando su vida, e incluso sus movimientos, imaginados por este
dios creador de algo que ha de rellenar su vacío, una creación imaginada de lo
deseable, no por su estricto atractivo sino porque ocupa parte de una vida sin
proyectos sentimentales, en la que prevalece el convencimiento de que “el mayor enemigo de la felicidad no es el
dolor sino el miedo” (p. 26). Cada vez se convence más de que se han
conocido. No quiere inventarle la vida a Clara. No quiere un sucedáneo porque “como todos los sucedáneos, me dejaría con la
tristeza de no poseer lo auténtico, la tragedia de no conseguir lo que de
verdad deseo” (p. 32). Por eso quiere conocer a toda costa a su
hermana Carina, con la exclusiva finalidad de reconstruir a Clara a través de los
recuerdos de su hermana, a partir de retazos de vida que ella pueda contarle. El
narrador necesita rellenar una parte vacía de su vida, imaginar que tenía un
amor que ha perdido por circunstancias ajenas a él, un accidente fortuito. El
azar le ofrece la fortuna de completar el vacío de una vida sin más interés que
el bourbon y la soledad.
martes, 25 de febrero de 2014
Holanda: Literatura holandesa traducida al castellano
Apenas hay interés en España, ni en el
resto del mundo, por traducir obras que no procedan de la lengua de
Shakespeare. Este desinterés, esta falta de curiosidad por la producción
literaria en otras lenguas es la causa de que sea mínima la cantidad de libros
de lengua no-inglesa que se traduzcan en España. De ahí el absoluto
desconocimiento de la literatura holandesa.
Holanda sugiere nombres como Rembrandt,
Van Gogh o Vermeer, pero apenas ninguna referencia en Enciclopedias ni en
Historias en que aparezcan a apellidos ligados con el epígrafe “Literatura
Holandesa” o “Literatura Neerlandesa”.
Del Renacimiento humanista nos llega Erasmo de Rotterdam y su sátira a los abusos de la iglesia y de la
sociedad titulada Elogio a la
locura. Y del XVII nos llegan
traducidos los ensayos filosóficos de Espinosa. Hemos de puntualizar que
la lengua literaria de estos dos holandeses era el latín.
Y
si rebuscamos en la memoria recordaremos el diario de Ana Frank, las cartas de
Van Gogh e incluso el magnífico ensayo El otoño de la Edad Media de Johan Huizinga.

Haremos un breve recorrido sobre las traducciones de novela holandesa que han tenido acogida entre los lectores españoles.
Annie Maria Geertruida SCHMIDT. (1911-1955) Es una de las autoras de literatura infantil y juvenil más relevantes. Escribe cuentos, novelas y poesía, no todos traducidos al español. Están llenos de fantasía y siempre concluyen con un final feliz, hecho que le fue reprochado por la crítica, sobre todo en la proliferación de la literatura realista de los años 70. Los cuentos mas famosos Jip en Janneke (traducidos al español como Mila y Yaco) retratan un mundo seguro y amable, sin discursos moralizantes de los adultos, que rodea las aventuras de los niños (250 historias), amigos inseparables.
El lado amable de la vida se presenta también en la vertiginosa aventura de Jorrie en Snorrie (traducida al español como Georgina y Bigotines). La sencillez y la cuidada elaboración muestran el conocimiento que tenía del mundo infantil.
Jan
WOLKERS (1925-2007), es uno de los escritores holandeses más importantes de la posguerra. Sus
descripciones realistas de escenas sexuales, le proporcionaron notable fama en
la década de los 60. Traducida al español está una de sus novelas más
conocidas, Delicias turcas, de 1969,
llevada tres años después al cine con gran éxito por Paul Verhoeven y traducida al español por Diego Puls para la editorial argentina Libros del Zorzal (Buenos Aires, 2009)
Algunas novelas actuales se traducen, sobre todo novelas juveniles:
El chico que encontró la felicidad de Edward van Velden y Anoush Elman, traducido por Gonzalo Fernández y editado por Gran Angular (Ediciones SM), 2011. Narra el drama de una familia de refugiados en Europa; el protagonista sufre el drama de una infancia partida en dos, la lucha por la supervivencia y la dignidad y el choque de culturas. Es un "homenaje al valor de la amistad, el amor, la familia y la libertad" (www.gonzalofernandez.es) Pincha aquí para leer las primeras páginas.
Los soldados no lloran de Rindert
Krohout, traducido por Gonzalo Fernández y editado por Gran Angular
(Ediciones SM), 2012. Novela inspirada en la vida de Julian y Quentin Bell,
sobrinos de Virginia Woolf. "Es un canto a la libertad, el
descubrimiento del amor, el arte, el pacifismo, el respeto y la igualdad"
(www.gonzalofernandez.es)
Por qué el mundo funciona perfectamente sin mí de Joost
Vandecasteele, traducción de
Gonzalo Fernández, Tropo
Editores 2012. Con
gran dosis de humor, el escritor observa el mundo con distanciamiento y cinismo
y lo plasma en una colección de relatos con una metrópolis deshumanizada de
fondo que le ha hecho ganarse la etiqueta de "distopía posmoderna. José
Ángel Barrueco califica los relatos de "sorprendentes,
deslumbrantes, cómicos, futuristas, cañeros y sórdidos".
La literatura y el arte gráfico está en pleno desarrollo, como podemos observar en el siguiente enlace:
Añado una información, de última hora, que me ha proporcionado C.de Gregorio: en la actualidad destaca el periodista Geert Mak, uno de los más prestigiosos y leídos en Holanda. Se ha traducido al castellano su libro titulado Europa. Un viaje por el siglo XX. La obra es fruto de un viaje de un año por Europa, por encargo del principal periódico holandés.
lunes, 17 de febrero de 2014
QUIJADA. El legado. Museo de Albacete
Del 24 de enero al 30 de abril de 2014.
La obra de Alfonso Quijada (1937-1994) es la protagonista de la exposición en el Museo de Albacete, que presenta 33 obras, donadas por su familia, que ofrecen una visión completa sobre las tres etapas de su actividad artística. Forma parte de la vanguardia artística del siglo XX y del lenguaje de la abstracción.
Dado que era farmacéutico y vivía de ello, pudo hacer con el arte, realmente lo que deseaba.
Gracias a Pascual Clemente por sus precisas explicaciones y la generosidad con su tiempo.
La obra de Alfonso Quijada (1937-1994) es la protagonista de la exposición en el Museo de Albacete, que presenta 33 obras, donadas por su familia, que ofrecen una visión completa sobre las tres etapas de su actividad artística. Forma parte de la vanguardia artística del siglo XX y del lenguaje de la abstracción.
Dado que era farmacéutico y vivía de ello, pudo hacer con el arte, realmente lo que deseaba.
"Mi pintura es abstracta. Yo parto del abstracto, rozo lo figurativo, al contrario que otros pintores que, partiendo del arte figurativo, se acercan al abstracto. Me parece que soy un abstracto nato" (Quijada, 1973)
| Destacan las texturas que trabaja sobre lienzo grueso.. |
| Utiliza muchos materiales diferentes. En esta obra ensambla maderas. |
| Material: pasta cerámica esmaltada. |
| Material: azulejos esmaltados |
| Composición geométrica en cruz. |
| Acrílico sobre cajas de cartón. Materiales introducidos: cajetillas alineadas. Introduce un punto rojo, marca de estilo en muchas de sus obras, que da contraste con el resto de la obra. |
| Obra rotunda Introduce elementos redondos sobre el lienzo para producir volumen. |
viernes, 14 de febrero de 2014
Barcarola. Historia de un nombre.
Corría el invierno de 1979. Dos profesores, Juan Bravo Castillo y Encarnación García de León, sueñan con crear una revista literaria. Y el sueño se hace realidad. Se planifica el formato y se busca inmediatamente un nombre. En el nº 13, piso 13 del barrio de "La Pajarita", se reúnen habitualmente Juan Bravo, Rafael Trigueros, Justo Reino, Encarnación García de León, y otros asistentes circunstanciales como Ramón Bello Serrano, cuya presencia era inestimable sin duda, no solo por sus gustos literarios sino también por sus relaciones sociales, culturales y económicas con la ciudad. Además estaban las que habitaban el piso, compañeras de trabajo y de intereses literarios.
Se da vueltas a nombres para la revista. Cuaja el primero, "Alcaraván", que pronto se desecha porque Juan trae la noticia de que el nombre ya estaba registrado. Después surge "Mandrágora", y ocurre lo mismo: Juan regresa de nuevo con la noticia de que también estaba ya registrado. En esta tesitura, un buen día, Justo Reino, coge un libro de Neruda, al azar, y lo abre por el poema "Barcarola", y lo lee con su voz fuerte, segura y dominando la situación:
Si solamente me tocaras el corazón,
si solamente pusieras tu boca en mi corazón,
tu fina boca, tus dientes,
si pusieras tu lengua como una flecha roja
allí donde mi corazón polvoriento golpea,
si soplaras en mi corazón, cerca del mar, llorando,
sonaría con un ruido oscuro, con sonido de ruedas de tren con sueño,
como aguas vacilantes,
como el otoño en hojas,
como sangre,
con un ruido de llamas húmedas quemando el cielo,
sonando como sueños o ramas o lluvias,
o bocinas de puerto triste;
si tú soplaras en mi corazón, cerca del mar,
como un fantasma blanco,
al borde de la espuma,
en mitad del viento,
como un fantasma desencadenado, a la orilla del mar, llorando.
Como ausencia extendida, como campana súbita,
el mar reparte el sonido del corazón,
lloviendo, atardeciendo, en una costa sola,
la noche cae sin duda,
y su lúgubre azul de estandarte en naufragio
En la tertulia literaria, todos nos quedamos impactados: el amor, siempre el amor triunfa en los espíritus jóvenes. "¿Y el nombre de Barcarola, os gusta?" -pregunta Justo. "Nos encanta" -respondemos todos. Y otra vez inicia Juan su aventura burocrática hasta que llega la gran noticia: "Aceptado". Se llamará Barcarola. Nuestra hija ya tiene nombre. Y en ese piso 13 del número 13, nació.
Luego fue llevada a insignes bibliotecas y asumida por importantes personajes. Pero nació pobre, en un piso alquilado por profesoras de instituto, donde se celebraban imponentes tertulias literarias, que nunca, ninguno de los allí reunidos olvidará, aunque la memoria juegue a veces malas pasadas, o aunque algún recalcitrante desmemoriado, obstaculice con su insistencia el paso a la verdad.
miércoles, 12 de febrero de 2014
José Luis Sampedro
Albacete se ha anticipado al 8 de abril en que se cumplirá un año de la muerte de José Luis Sampedro, para rendirle homenaje, durante los días 10 y 11 de febrero, con actividades varias:
Carlos Berzosa, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid, ha presentado a J.L.S. como un economista contracorriente, un precursor.
Ángel Monteagudo, director del Taller de producción teatral de la Universidad Popular, ha preparado con sus alumnos seis escenas de dos obras de teatro de J.L.S.: La paloma de cartón y Nudos. Carlos Berzosa, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid, ha presentado a J.L.S. como un economista contracorriente, un precursor.
Jesús López García, licenciado en Bellas Artes, ha presentado un interesante boceto para una escultura realizado con materiales que ha relacionado, a modo de alegoría, con la personalidad de J.L.S.
Andrés García Cerdán, poeta y doctor en Filología Hispánica, ha disertado sobre la obra literaria de J.L.S., con la interesante conferencia titulada "Ser hombre con los hombres", en la que ha mostrado el pensamiento de J.L.S. a través de sus personajes novelescos y ha establecido la relación de sus novelas con la evolución social y literaria del siglo XX.
Vania Cuenca & The Muffins, han cerrado el evento con cinco piezas elegidas a tono con el pensamiento de J.L.S.
Los eventos han estado enmarcados por exposiciones varias, con la obra gráfica de los alumnos de la Universidad Popular y de la Escuela de Arte. La librería Popular ha preparado una interesante exposición bibliográfica con las obras de J.L.S.
Concluiré esta información, con el Credo Personal de José Luis Sampedro, con el que cerró su conferencia Andrés García Cerdán. Dice así:
Creo en la Vida, Madre todopoderosa,
creadora de los cielos y de la tierra.
Creo en el Hombre, su avanzado hijo,
concebido en creciente evolución,
progresando a pesar de los Pilatos
e inventores de dogmas represores
para oprimir la Vida y sepultarla.
Pero la Vida siempre resucita
y el Hombre sigue en marcha hacia el mañana.
Creo en los horizontes del espíritu
que es la energía cósmica del mundo.
Creo en la Humanidad siempre ascendente
Creo en la Vida perdurable.
Amén
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